Espero que esta carta llegue a tus manos antes de que sea demasiado tarde. No sé si creerás lo que en ella te cuento pero puedo jurarte, mi buen amigo, que por fantásticos que parezcan los hechos que en ella relato, son todos ciertos al pie de la letra.
Una terrible maldición pesa sobre mí. Es por ello que huí del hogar, abandonando a Sarah y a los niños; es por ello que en estos momentos te hallas solo al frente del negocio que solíamos administrar juntos.
Todo empezó el día en que tomé dos naranjas después del vaso de leche, a pesar de las advertencias que había recibido al respecto. Desde entonces, siempre que llueve o el ambiente supera determinado grado de humedad, mis pestañas se rizan hacia adentro. Sí, se curvan antinatura clavándoseme en el ojo, arañando salvajemente toda la superficie del globo.
Siempre has sabido cuan largas y fuertes eran mis pestañas. Lo que en el pasado suponía para mí un motivo de orgullo se ha convertido ahora en fuente inagotable de tormento. Pensé en cortármelas pero he leído que un hombre lo hizo y comenzaron a crecerle por todo el interior del párpado, multiplicando aún más su suplicio. No soy el primero que sufre de este mal pero no he encontrado en todas mis investigaciones a nadie que haya logrado atajarlo jamás. No sé cómo poner fin a este sufrimiento, no sé que puedo hacer. En estos días otoñales las perennes nubes amenazan seriamente mi cordura. Temo la llegada del inverno más que a la propia muerte y, si no ocurre un milagro, me veo capaz de cometer una locura.
Ha llegado a mis oídos la noticia de que una colonia de afectados sobrevive apaciblemente en el Norte de África pero esa no es una opción viable para mí, ya sabes que cuando mi sudor se mezcla con la arena se producen terribles explosiones ¡¿Qué opciones me quedan?!
Por eso necesito que me ayudes, eres mi última esperanza. Necesito que uses tus contactos para conseguirme un artilugio del que he oído hablar, un ingenio producido en las tierras del sur llamado "gafas de sol". Tal vez se trate sólo de una leyenda, sé lo ridículo que suena incluso el nombre, pero si existe un artefacto tal, hecho de luz solar o capaz de reproducirla de algún modo, puede que entonces logrará burlar a la maldición.
Cuento plenamente contigo, amigo mío ¡No me falles!
Sinceramente, Adam P. Fletcher.